por John Martin
Fue un año realmente duro, aciago si se quiere, para el automovilismo deportivo que nos separó para siempre de figuras muy queridas y que dejaron un vacío enorme, difícil de llenar.
Para nosotros, la muerte de Dan Wheldon - tal vez la más sensible - por aquello del tuteo permanente con él, con su familia, con esa personalidad dulce y caritativa que le reservó un lugar preferencial en el corazón de los que tuvimos la dicha de conocerlo. Ver nuestra redacción envuelta en la penumbra de la tristeza, a mi padre desconsolado, sus imágenes que visten de lujo nuestras paredes fue muy duro y en todo caso muy difícil de olvidar...
Simoncelli, Falaschi y Ramiro Tot, respaldaron la pesadumbre de fin de año, eran parte de ese vínculo enorme, indestructible que une desde siempre a la familia del mundo de la velocidad y es exiguo o vano modelar el consuelo con la endeble teoría de que se fueron en su ley.
Sin embargo; dentro de esa melancolía que duele, asoman otros que nos renuevan las ganas de seguir. Gabby Chaves definido largamente entre las mejores promesas de nuestros jóvenes, Esteban Guerrieri y un año – el de su debut en suelo norteamericano – que nos llena de orgullo y de nuevos horizontes, junto a la aparición de otros que escalan desde el kartismo, los arduos caminos del automovilismo y que a pesar de su anonimato, nos llenas de luces el panorama.
La superación permanente de los alguna vez pequeños equipos hoy consolidados o tuteándose con el éxito y el crecimiento como International Racing, A&M Engines o el Juncos Racing Team, todos asociados al sacrificio, al trabajo esmerado y al profesionalismo que los ha situado en el sitial de las preferencias, pero por sobre todas las cosas, con la pasión como blasón inapelable del amor por los autos.
Así las cosas, entre lágrimas y sonrisas, despedimos un año que no fue el mejor, pero que nos obliga a mirar hacia adelante para aprender de las experiencias en la búsqueda permanente de un futuro mejor…







