Yo Se Que Ahora Vendrán Caras Extrañas…
por Juan Carlos Maimone
Como una antigua sentencia que deambula inexorable después de cada accidente, aparecen los itinerantes de siempre a dejar escuchar sus voces; para criticar, recomendar – y lo que es peor – para ensuciar el espacio de un momento, que debería estar lleno de silencios, de esos silencios que pide a gritos el recogimiento como atenuante inexistente al dolor y por qué no, para prodigarle honor al necesitado respeto.
Que hay que buscar acciones correctivas, sí. Que hay que estudiar hasta el cansancio lo ocurrido con los mejores expertos disponibles para encontrar la acción correctiva, también. Que para muchos haya llegado el momento de la reflexión y abandonar de repente la vieja y gastada imagen dictatorial - con las mejores intenciones, tal vez – pero buscando consensuar con los especialistas en el sondeo permanente de un proceso mejor, ni hablar. Pero en todo caso – no en cualquier caso – muchos o quizás la gran mayoría, deberían hacer un profundo examen de conciencia, donde prime el sentido común por sobre la verborragia activa que destruye o deshonra sus propios pasados.
Desterrar a los “opinólogos” en la tierra de Juan Manuel Fangio, es imposible y fue o es, tratado de los mejores sociólogos del orden internacional: “Es imposible en las tierras del Plata encontrar un ciudadano que no sepa u opine de todo. Son personas sensuales y disolutas que se mofan de toda religión y practican las corrupciones más groseras; su falta de principios es completa…” (Charles Darwin, de su libro “Historia de un Viaje”, editado en 1833). Y que aún hoy, guarda carácter de absoluta vigencia.
En consecuencia; estos sabedores de la nada, están automáticamente descalificados, habida cuenta de que hablan desde el revanchismo barato o desde la elocuencia gratuita que ofrecen los medios sociales; aunque lo bueno es, que desaparecen de la escena con la misma velocidad fantasmal con la que aparecen.
Pero están los otros; la afición, los ex pilotos y los responsables; aquellos que sus sentencias o decisiones pesan, mueven a la ya desinformada opinión pública y en todo caso, causan estragos a la hora de los resultados.
La carencia absoluta del análisis o la irreverencia psicológica que propone el retiro de la actividad, es terrible, muchos han llegado hasta el suicidio, porque no existe un paliativo para el abandono de la fama, entonces pugnan de alguna manera – aunque no debería ser de cualquier manera – por la pretérita exposición mediática que el tiempo ha disipado.
Que el accidente de Falaschi se pudo haber evitado…? No hay dudas; pero pudo haber sido evitado hoy, a la sombra de lo irreversible, aunque muchos apunten desmedidamente a aquello que en el mundo del automovilismo es inevitable.
Los que por estos días hablan de la tierra, no pronunciaron palabra durante los 75 años de vida de la categoría, que paradójicamente se originó allí. Pedirles a los pilotos que “levanten”, es muy fácil desde un apoltronado sillón hogareño o sentado en la mesa del café de la esquina. Ni hablar de tomar decisiones terminantes cuando hay que lidiar con la permanente presión política, económica y comercial en las espaldas, que en definitiva, todas o cada una de ellas o en conjunto, son las que hacen posible el espectáculo.
Desde la humildad de esta columna, pero con la frialdad que los años de experiencia me confieren, me permito dejar algunas reflexiones: Menor reticencia a la salida del “Pace Car” que en este caso y en otros más, hubiera evitado la tragedia. Analizar las vías de escape y lo de las gomas en el muro de contención (amarradas contienen, sueltas actúan como resorte). Prestarle suprema atención al tema de la tierra en el trazado (arena en el Sur) que en todo caso atentan contra la tracción y visibilidad. Limitar definitivamente la cantidad de gente que invade el trazado. Llamar una vez más a la reflexión a los pilotos, para que utilicen el máximo de precaución. Y por último, que los que saben y ya no están o los que no están y creen que saben, guarden el debido silencio que imponen las circunstancias, tendientes a proteger un presente que no admite dudas y para el logro definitivo de un futuro que merezca ser contado…


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